Entregar un dictamen pericial impecable es solo la mitad del trabajo. La verdadera diferencia entre un informe que se tiene en cuenta y uno que se desestima ocurre en la sala de vistas. La ratificación judicial es el momento en el que el perito deja de ser un técnico que escribe para convertirse en un profesional que convence y aporta luz al tribunal.
El deber de objetividad según la LEC
Cualquier perito judicial, al aceptar un cargo, jura o promete actuar con la mayor objetividad posible. Así lo exige el artículo 335 de la Ley de Enjuiciamiento Civil (LEC). Pero ser objetivo no significa ser pasivo.
En la ratificación, nuestro papel es defender las conclusiones del informe frente a las preguntas de las partes. No se trata de ganar un debate, sino de demostrar solvencia técnica. Si el perito duda o no sabe explicar el «porqué» de una valoración, la prueba pierde toda su fuerza.
¿Qué ocurre realmente durante la ratificación?
Muchos clientes, e incluso algunos abogados noveles, piensan que el perito simplemente va a leer su informe. Nada más lejos de la realidad. Durante la vista, el perito debe estar preparado para:
- Aclarar puntos oscuros: Explicar tecnicismos en un lenguaje que el Juez pueda entender.
- Responder a las impugnaciones: Defender la metodología utilizada frente a posibles contraperitajes.
- Mantener el rigor bajo presión: No dejarse llevar por el tono adversarial del juicio y ceñirse estrictamente a los datos técnicos.
La clave: la unión de técnica y economía
En mi caso, el hecho de combinar la arquitectura técnica con la formación en economía me permite responder no solo al «qué» (la patología o el estado del inmueble), sino al «cuánto» (el impacto real en el valor del activo). Esa visión 360º es la que suele decantar la balanza en los tribunales, ya que ofrece una respuesta completa al conflicto.
En definitiva, una buena ratificación es aquella que deja al Juez con la sensación de que el caso es más sencillo de resolver de lo que parecía al principio.